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Los Ponte, historia de inmigrantes y viñedos



Muchos inmigrantes, en su mayoría genoveses y piamonteses, elegían estas tierras buscando suerte en América. JOSÉ PONTE fue uno de ellos. Cuando los Cámpora se instalaron en la calle Ancha (luego Bulevar Saavedra, actualmente Avenida Savio), él ya estaba allí.  Había llegado en 1859 procedente del pueblo de Cascina Canova, de Campo Liguri, Génova, Italia. 

Era viudo y aquí se casó con Isabel Casa, una chica de  dieciséis años de edad. Su primer trabajo fue de peón; pero apenas juntó unos pesos, instaló un horno de ladrillos y fue proveedor de la constructora que edificó la cárcel. Sabía que esa empresa era pasajera, ya que sus sueños estaban en al tierra, y para no esquivar mas su destino compró (alrededor de 1870) seis hectáreas en la calle Ancha donde instaló su quinta. Con sus vecinos Cámpora compartió experiencias sobre las primeras vinificaciones y participó en la búsqueda de la mejor variedad.

Antonio Ponte (hermano de José) llegó en 1895. Inicialmente se instaló en la calle Ancha, pero en 1898 compró dieciséis hectáreas por calle Cavalli, detrás del ferrocarril. Las bodegas ya eran parte del paisaje y él se incorporó a la actividad construyendo la suya. De los garabatos que cubrían el campo sólo dejó la hilera que les sirvió de cercos ya que no había alambrados que dividieran las propiedades. 

Cultivó la variedad Pinot y Cabernet que vinificaba en pipones y bordalesas. Cuando Antonio murió la vinificación se interrumpió porque Santiago, su hijo mayor, perdió el interés. Sin embargo, conservó el viñedo y, a principios de la década del ’50, la producción fue retomada por sus nietos Olivio, Antonio, Telio, Esildo y Orgelio, quienes continuaron hasta 1984.  
 
Bibliografía: “El vino nicoleño” Cien años de vitivinicultura en San Nicolás, por Walter Alvarez - 2009


Los primeros años como maestra en San Nicolás





En general, los maestros argentinos son flojos en materia de disciplina y puntualidad, y me inclino a creer que para los latinos resulta mas difícil decir la verda que lo que es para algunas otras razas. Además, dejan para mañana todas las cosas que pueden, quisieran o debiesen hacer hoy .... Había así que eliminar en la preparación de los jóvenes maestros defectos hondamente arraigados, cuya erradicación llevará todavía algunas generaciones. Algo se ha logrado empero, y, como la ausencia de dichos defectos en otras personas sirve de ejemplo, en darlo estribaba la gran responsabilidad de todas las maestras norteamericanas.

El día del comienzo de clases en la Escuela Normal, llegaron tarde cincuenta alumnos y se quedaron sorprendidos cuando se les dijo que era necesario ser puntuales. Disculpáronse diciendo que no tenían relojes en sus casas y que vivían demasiado lejos para oír las campanas de la iglesia. En tales circunstancias la puntualidad resultaba un problema y se les sugirió que sus padres compraran unos relojes baratos. Al siguiente día, los escolares llegados tarde se redujeron a veinte y poco a poco esa falta de exactitud fue eliminada.

Era imposible al principio dar clase en los días de lluvia. Como los alumnos carecían de paraguas y rara vez habían oído hablar de impermiables o de zapatos de goma, y muchas calles, sin aceras, solían quedar convertidas en ruidosos torrentes, no quedaba otro camino que renunciar a dictar los cursos. La tarea, con todo, fué de lo más interesante. Los futuros jóvenes maestros eran estudiosos, esntusiastas y atentos al consejo y a la crítica. Cada curso, compuesto de jóvenes y niñas, iba egresando detrás de otro al cabo de tres años. Siguiendo el consejo de las norteamericanas, los graduados se dirigían a todos los lugares del país para transmitir a los menos favorecidos los beneficios que ellos habían recibido, con lo cual llenaban un patriótico deber.

-Una de las memorias relatadas por la maestra norteamericana “Jennie E. Howard” (1866 – 1933), quien fuera regente fundadora, profesora de crítica pedagógica, aritmética y metodología de la Escuela Normal de San Nicolás de los Arroyos.
Tenemos aquí una pequeña muestra de algunos aspectos de la vida nicoleña en aquellos tiempos, en los primeros años de vida de la nombrada escuela que abrió sus puertas el 29 de Agosto de 1888. –

* Fotografía: niños saliendo de la vieja Escuela Normal ubicada en Sarmiento esquina Lavalle – Año 1933

* Texto : del libro “En otros años y climas distantes”, por Jennie E. Howard – 1931 (versión en inglés) / 1951 (versión en español)

Banda de hermanos



Banda de música formada para realzar los desfiles cívicos que se hacían en la ciudad, como por ejemplo el de los festejos por el centenario de la Revolución de Mayo en el año 1910.


Entre otros músicos nicoleños, la banda estaba integrada por los hermanos "Eduardo y Fioravanti Di Bernardo", residentes en ese entonces en calle De La Nación Nº 221. Propiedad que fue luego del Dr. Maximiano Vázquez, y donde funcionara la tienda Casa Beige a partir del año 1962.

Esta fotografía fue tomada en la casa de calle De La Nación 221 que era el lugar de concentración de la banda. Allí mismo funcionaba la imprenta y mas adelante también editorial, de "César Di Bernardo e Hijos".

El primer intendente nicoleño



Juan Manuel Argerich y familia en el patio de su casa, calle De La Nación 117 - Año 1908

La Municipalidad y el H. C. Deliberante fueron constituídos el 12 de Junio de 1886, siendo Don Argerich el "primer intendente" de la ciudad, cumpliendo dicha función hasta 1888.
También había sido Juez de Paz durante el año 1880.
Estaba casado con Manuela Figueroa Llanes.
 En la imagen Juan Manuel aparece sentado en el sillón, detrás su hija Silvia.

*Fotográfo: Carlos Ladislao Bustos